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25 DE JULIO DE 2008

25 DE JULIO DE 2008

ISABA - IZABA

25 fotografías

























16 DE SEPTIEMBRE DE 2008

16 DE SEPTIEMBRE DE 2008

ISABA - IZABA

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HISTORIA DE UNA RECUPERACIÓN PATRIMONIAL

Así como fue Uztárroz la última localidad en la que dejó de bailarse, Isaba fue la primera en recuperarlo. Al margen de algunos intentos durante los años de la II República Española, esto sucedió a principios de los años cincuenta del siglo XX, siendo fundamental en esta recuperación la labor de los hermanos Estornes Lasa, de Isaba. Tuvieron ellos la suerte de poder contar entonces con la colaboración de aquellos vecinos que décadas antes habían conocido el baile dominical del ttun ttun después de la misa. Esto fue fundamental a la hora de recoger, con fiabilidad y con fidelidad, música y coreografía.
A partir de ese momento el ttun-ttun ha conocido continuos altibajos en su recuperación; si bien hay que reconocer que ha habido siempre una continuidad generacional que ha permitido que no desaparezca.
Se vio su uso en los años cincuenta del XX en las peregrinaciones que el valle hacía al Castillo de Javier. En los años setenta de ese mismo siglo se sabe que también hubo varios intentos de recuperarlo, que permitieron que se llegase a bailar durante las pocas ediciones que hubo del “Día del Valle”. A principios de esa década un grupo de jóvenes de Isaba se preocupó de reunir a aquellos ancianos y ancianas que en su juventud habían bailado el ttun ttun para tratar de reconstruir esta danza lo más fielmente posible. En aquella década llegaron a ser numerosos los jóvenes y los niños de Isaba que llegaron a aprender este baile tradicional.
En 1979 Marisol Otermin hizo un profundo trabajo de investigación sobre el ttun ttun de Isaba y el de Uztárroz, apoyándose principalmente en los testimonios de José Berro, de Eduarda Lorea, y de Jonás Lorea, que fue publicado en la revista “Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra” (Número 33, sept.-diciembre 1979).
En los años 1982 y 1983 las izabarras Susana Garde, Amaya Zalguizuri y Elena Zalguizuri se preocuparon oportunamente de recuperarlo y de enseñarlo a los jóvenes de la localidad.
Después de un amplio paréntesis de desuso y olvido el 4 de julio de 1998 pudo verse de nuevo esta danza durante los actos de inauguración del Frontón Erminea, en Isaba.

En el año 2003, con motivo de la celebración del Uskararen Eguna, la localidad de Garde hizo un intenso trabajo de recuperación de esta danza, cuyos frutos pudieron verse ese día. Ante la imposibilidad de conocer cómo fue en otros tiempos el ttun ttun de Garde, y en base a lo que fue eeste baile en otras localidades del valle, se creó una coreografía propia, y de gran belleza armónica. Detrás de aquél esfuerzo estuvo la figura de José Manuel Mendiola, Josema, guipuzcoano casado con una vecina de Garde. El propio Josema, con anterioridad, se había preocupado de que los vecinos de Garde tuviesen oportunidad de ver bailar el ttun-ttun, y para ello se trajo a su propio grupo de danzas; fue necesario en aquella ocasión hacer trajes roncaleses para todos los componentes del grupo. Pero el baile que se preparó para el 2003 tuvo la particularidad de tener a los propios vecinos de Garde como protagonistas directos de esta recuperación. Ese mismo año se bailó en las fiestas, no dejando de hacerse en esas fechas desde entonces. José Manuel Mendiola cuidó al máximo los detalles, hasta el punto de no permitir que ninguna chica bailase con el pelo suelto.

Al año siguiente, 2004, fue Uztárroz quien recuperó este baile. Lo bailaron durante el Uskararen Eguna y durante las fiestas patronales. Lamentablemente fue esfuerzo de un año nada más.
Durante el curso 2003-2004 la Escuela de Música del Valle de Roncal llevó a cabo una trabajo de investigación que permitió recuperar la música de estas danzas en sus variantes de Uztárroz, Isaba y Garde.
En noviembre de 2004, a iniciativa de Susana Garde, en Isaba se inician los ensayos para aprender de nuevo esta danza. De ello se ocupó el grupo de txistularis de la localidad.

Esto permitió que en el año 2005, el día de Santiago (25 de julio) se estrenase en Isaba el baile del ttun ttun de esta localidad bailado por 13 parejas de vecinos del pueblos, ataviados todos ellos con la indumentaria roncalesa.
Tras el esfuerzo de Isaba, y tras el amplio eco informativo que tuvo esta recuperación, ese mismo mes de agosto de 2005 es la villa de Roncal, a iniciativa del dantzari Andoni Iribarren, la que emprende los ensayos de cara a formar un grupo capaz de bailar el ttun-ttun, llegando a bailarlo durante las fiestas de ese mismo mes cerca de medio centenar de vecinos, si bien en este caso se hizo sin vestir la indumentaria tradicional y con una abrumadora mayoría femenina. Desde entonces todos los años se baila el ttun-ttun en las fiestas de Roncal en el momento previo al descanso del baile. Cada vez es mayor el número de personas que lo baila. Es la única localidad en la que, de momento, no se utiliza la indumentaria tradicional.
En agosto de 2005, concretamente el día 18, la plaza de la villa de Garde nuevamente asiste a una excelente exhibición del baile del ttun-ttun, en el que participaron siete parejas, que estuvieron formadas por: Mirian Gayarre y Pío Andueza, Naroa Maruri y Enrique Galán, Abene Vitas y Andrés Valentin, Nerea Pérez e Iñaki Pérez, Leire Sanz y Andoni Iribarren, Miren Aznárez y Jesús Aznárez, y Marisol Andrés y Daniel Palacios. Afortunadamente no sería esta la última vez que se bailase el ttun ttun en esta localidad, haciéndose cada año en esta jornada central de sus fiestas.

EL BAILE DEL TTUN TTUN EN EL VALLE DE RONCAL

Como hemos visto el vocablo ttun ttun es el nombre con el que se le conocía antaño al tambor de cuerdas. Con ese mismo nombre se ha conocido siempre al baile típico y tradicional del valle de Roncal. Podría encuadrarse este baile dentro de la familia de los ingurutxos. En consecuencia, era un tipo de baile que permitía encadenar diferentes danzas de forma creativa, lo que daba pie a que cada localidad crease su propia versión.




Se desconocen los orígenes de esta danza, pero sí que se sabe que se bailó en los siete pueblos del valle, y que fue en Uztárroz en el último sitió donde se perdió, allá por los años veinte del siglo XX.
Se sabe igualmente que hasta el siglo XX sólo sobrevivió en las localidades de Vidángoz, Isaba y Uztárroz, perdiéndose en ese mismo orden. En el caso de estas dos últimas localidades se llegó a tiempo de hacer un amplio trabajo de investigación, llegándose a recomponer las partituras y la coreografía.
Los trabajos de investigación realizados en 1978 por Marisol Otermin marcan con cierta precisión cuando pudo desaparecer este baile en el valle de Roncal, o al menos en alguna de sus villas; así pues, se puede estimar que en Uztárroz dejó de bailarse hacia el año 1920. Un vecino de Roncal nacido en el primer lustro del siglo XX no lo había visto bailar nunca en su pueblo, lo que nos da pie a pensar que en la villa de Roncal pudo desaparecer a finales del XIX (tal vez muy a primeros del XX). Otermin certifica en su trabajo publicado en 1979 que el ttun ttun se bailó en todos los pueblos del valle, “pues en todos ellos quedaban hasta hace muy pocos años personas que lo bailaron en su juventud”. Y sobre las causas de la desaparición de este baile parecen relativamente claras: las orquestinas que empezaron a llegar en fiestas a los pueblos del valle ofrecían un repertorio mucho más amplio y atractivo, que se erigía en alternativa clara frente a un baile que era único, y que pocas veces evolucionaba.
En el caso concreto de Isaba se sabe que en el siglo XIX el baile del ttun ttun se hacía alrededor de la casa de la villa; el número de personas que lo bailaban era el suficiente como para abarcar todo el perímetro del edificio consistorial, lo que nos da una idea de la popularidad de este baile. De hecho estamos ante uno de los pocos bailes en los que se admitía a todos a bailar, sin excepción, mientras que en otros bailes, y en otras muchas costumbres de la vida cotidiana, existía siempre cierta discriminación hacia los advenedizos y hacia las mujeres que habían sido víctimas de lo que se llamaba la fragilidad humana.
En tiempos, parece que el baile del ttun ttun se bailaba todos los domingos, y siempre después de la misa, como si de un complemento de la misma se tratase. Sin embargo los últimos testimonios, es decir, en los últimos años de existencia de esta danza, nos dicen que se bailaba siempre por la tarde; y que en Isaba se bailaba únicamente los días 25 y 26 de julio (fiestas de honor a Santiago) y el 16 de septiembre (festividad de San Ciprian, patrón de Isaba); mientras que en Uztárroz se bailaba el 24 de junio (festividad de San Juan), el 25 de junio (festividad de San Roque), y el 2 de julio (día de la Virgen del Patrocinio).
Otro dato muy curioso es que en Isaba hasta el último momento el ttun ttun se bailó vistiendo el atuendo roncalés, mientras que en Uztárroz los últimos en bailarlo lo hicieron ya sin indumentaria roncalesa.

Por otro lado, entre los actuales ttun ttunes de Isaba y de Uztárroz, todo parece indicar que el de Uztárroz o bien es más antiguo que el de Isaba, o bien no ha evolucionado tanto. Aquél ttun ttun de Uztárroz que desapareció hacia el año 1920 destacaba por su sencillez, y también por el hecho de que predominaba el ritmo marcado por el tambor; mientras que el de Isaba era mucho más animado.

Volviendo al caso concreto del ttun ttun de Isaba se pudo recoger en su momento, gracias al testimonio de los más ancianos, que era habitual, a la hora del baile, que aquellas mujeres que no querían bailar se presentaban en la plaza con la mantilla doblada sobre su brazo; signo este que hacía que los mozos desistiesen de invitarles a bailar. Por el contrario, las que estaban dispuestas a bailar acudían a la plaza sin la mantilla, o si la habían llevado, inmediatamente se la pasaban a las que no iban a bailar para que se la guardasen durante el baile.
Y en el caso concreto del ttun ttun de Uztárroz, según investigó Marisol Otermin, “antes de comenzar el baile, los mozos y mozas por lo general estaban en amena conversación, por lo que el del tambor tocaba unos compases para indicar que comenzaba el baile”.

PRESENTACION

Sale a la luz este trabajo de una manera modesta, con el sencillo objetivo de salvaguardar la memoria del esfuerzo que en los últimos años se viene haciendo desde Isaba por recuperar, popularizar, y mostrar un danza tan específica de esta localidad como lo es el ttun ttun de Isaba.

Todos éramos conscientes de que esta danza, tan popular en otro tiempo entre nuestros antepasados, se había perdido en buena manera. Hubo un momento en el que los pasos, la música, la coreografía… se diluían ya en la memoria de nuestros ancianos. Afortunadamente los esfuerzos periódicos, o cíclicos, que a lo largo del siglo XX se hicieron, sirvieron, al menos, para ayudar a que no se perdiese la memoria de una música y de una coreografía; fueron esfuerzos, lo suficiente oportunos en su periodicidad como para permitir ir pasando el relevo de los conocimientos de unos a otros..

Y hace unos años, no sólo se entendió que había que evitar que se perdiese esta danza, sino que de forma activa, concienzuda, y firme, se dio el paso de crear un grupo de baile en Isaba que fuese capaz de bailar el ttun ttun. Un grupo de baile en el que tuvieron cabida todas aquellas personas, bien fuesen de Isaba o bien estuviesen vinculadas a esta localidad, que tuviesen un mínimo de sensibilidad y de interés por recuperar una parcela tan importante del patrimonio izabar. En esos mismos momentos se asistía a intentos similares en Uztárroz y en Garde, y posteriormente en Roncal.

Fueron en Isaba muchas horas de ensayos, y también muchos días. Atrás van quedando aquellos ensayos, primero en el Parque de Bomberos, y después en la Casa de la Villa, concretamente en la antigua escuela, en donde todavía se mantienen. En todos estos años ha habido personas que han sido constantes, otros se retiraron, otros se han incorporado nuevos, otros… Todas esas personas, sin excepción, forman parte de la historia actual de esta y de otras danzas que integran actualmente el repertorio del grupo de Isaba.

No se ha olvidado en ningún momento que esta era una danza popular, bailada por todo tipo de personas, sin que nadie fuese profesional. No se bailaba para exhibir una danza local ante nadie; sino que se bailaba sencillamente para disfrutar; que es exactamente lo mismo que se vuelve a hacer ahora, y lo que nos diferencia de tantos grupos de danzas que hay en nuestra tierra.

Tampoco se ha pasado por alto el detalle de que esta danza era habitual bailarla los domingos y días festivos, ataviados con la indumentaria roncalesa reservada para los días de fiesta, y siempre sin chaqueta.

Y así, con estas premisas, es como el día 25 de julio de 2005, el grupo de baile izabar hacía su primera actuación en público, y nada menos que con trece parejas. Veintiséis personas vestidas de roncalesas dando vida a una vieja tradición ante la mirada atenta de cientos de vecinos. Por un lado aquél era el punto final de un esfuerzo que se estaba haciendo en los últimos meses; pero por otro lado ese era el punto de partida de un largo rosario de actuaciones, inimaginables en aquél 2005.

Hoy, desde la perspectiva que da el tiempo ya pasado, solo cabe la satisfacción. Vaya por delante que esta memoria de todo lo que se ha hecho es una memoria abierta, sin punto final, afortunadamente necesitada de una actualización permanente. La realidad, gozosa realidad, es que en todos estos años el grupo de baile de Isaba, vinculado a la asociación Kurruskla, es un grupo consolidado. La realidad es que en todos estos años son decenas de personas las que han aprendido el ttun ttun de Isaba y otros bailes. La realidad es que de la mano de la recuperación del ttun ttun ha venido la recuperación de la indumentaria tradicional roncalesa; y que esta indumentaria, los trajes, la bandera, y el nombre de Isaba y del valle se han lucido en decenas de actuaciones repartidas por numerosas localidades.

Realidad es también que nos lo hemos pasado estupendamente, que hemos aprendido a superarnos en todos los aspectos, que hemos adquirido unos conocimientos que antes no teníamos, que hemos integrado en torno a la cultura roncalesa a gente del pueblo y a otros vecinos que nos acompañan durante buena parte del año. Nadie sobra, y todos son bien recibidos.

En cualquier caso, la mayor satisfacción es ver a un público que se emociona, que llora, y que después de muchos años vuelve a sentir el orgullo sano de ser roncalés y pirenaico. Cada una de esas lagrimas, cada uno de esos instantes, justifican por sí solos el esfuerzo realizado.

Es por ello que nuestros pies y nuestras manos seguirán en movimiento.